De las cosas que más me ha impresionado al tener hijos, es la fuerte influencia que tenemos en la vida de nuestros pequeños.
Recuerdo cuando mi hija tenía alrededor de dos años, estábamos comiendo en un restaurante de adultos, una comida de adultos, una conversación de adultos, y ella, quien pacientemente nos esperó, a los pocos minutos se puso de pié y se fue a buscar a un niño en otra mesa. Los que comían conmigo me dijeron que tenía que "poner límites" que no debía permitir que ella se levantara. Esta situación me dio mucho que pensar ¿quién debe poner los límites? ¿quién se está "portando mal"? efectivamente, es ella la que está actuando como niña que es, y soy yo quien la está llevando a un sitio no adecuado para ella. Si en vez de comer en ese restaurante, comemos en un sitio de niños, con un parque, juegos y lápices para pintar mientras esperamos que llegue la comida, veréis lo bien que se porta mi niña, porque es SU lugar.
Tanto me ha dado para pensar esa situación, que cada vez que alguno de mis niños se pone difícil, miro que es lo que estoy haciendo mal, y ¿sabéis qué? siempre encuentro el motivo. Yo misma si me pongo nerviosa por algo, ellos lo detectan y también se ponen nerviosos.
La construcción del autoestima es fundamental en el desarrollo de las personas. No es lo mismo querer a un hijo que hacer que nuestro hijo se sienta querido. No es lo mismo estar en casa con nuestro hijo, que sentarnos a jugar a los coches con el, concentrados y entregados al juego, como el. Démosle tiempo de calidad, tiempo que le haga sentir especial, valorado y querido. de la misma manera que a nosotros no nos gusta cenar con alguien que esté leyendo el periódico, ellos notan si no estamos centrado en su actividad.



